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En estos días, una profesora ha comentado a sus colegas el estrés que está pasando, porque se le han juntado tres sucesos en una semana: la nana de su bebe le ha pedido un aumento de salario al 35%, so pena de irse; la única empleada de su microempresa quiere licencia, pues está con depresión, debido a una decepción amorosa; y –por si fuera poco- a su esposo lo han despedido del trabajo. Esta trabajadora intelectual que, para ganarse los frijoles, labora en tres centros de estudios a tiempo parcial, ya tenía el estrés normal del “corra para acá, corra para allá”, de pronto se le junta todo. Podría desplomarse, pero no puede: hay que pagar la hipoteca del departamento y el auto nuevos al banco. Al momento de escribir esta nota, aún no sé cómo va a solucionar sus problemas; pero sé que lo hará, porque esta amiga tiene garra.
DESTETE ANTINATURAL
En el Perú, miríadas de mujeres intelectuales dejan a sus bebes lactantes en manos de la nana, porque deben marchar a trabajar a la oficina, al banco o al colegio. Ese hecho en sí mismo ya es un estrés, porque no resulta natural que una madre destete a su nene y lo haga pasar al biberón. A muchísimas madres, en el trabajo, literalmente, se les sale la leche, a la hora que deben dar de lactar. Además, dejar a la criatura bajo la responsabilidad de una mujer extraña que les envía la agencia de empleo, es otra preocupación, una incertidumbre. “¿Lo estará cuidando bien?”, se cuestiona; entonces, llama por teléfono a casa a preguntar cómo está.
Como el dinero que paga Educación (y otros sectores) es bajo, la educadora ha de laborar repartida en más de un centro de enseñanza. Ese es otro estrés: el fraccionamiento y la sobrecarga intelectual. Hay que llevar fólderes de diferentes asignaturas a la casa y allí seguir laborando: corrección de tareas, pasar notas, preparar clases, exámenes, etc. El placer de educar, la vocación juvenil de la docencia, las ilusiones de realización intelectual en la universidad, pueden disiparse: hay riesgo de una involución existencial seria.
MENTE ESCINDIDA
Muchos trabajadores intelectuales deficientemente pagados buscan un ingreso extra, mediante la creación de una microempresa familiar, la cual muchas veces nada tiene que ver con su profesión. Así, las preocupaciones que surgen constituyen otra escisión de la mente.
“Ahora, ¿dónde conseguirá empleo mi esposo?”, pensará la madre trabajadora. Claro, por muy bien calificado que éste se encuentre, el hallazgo de un nuevo centro laboral es difícil. En el Perú, la tasa de pleno empleo es muy baja, solo 20% de la población económicamente activa. Un estrés más para esa pareja de trabajadores intelectuales.
LO PEOR: EL DESEMPLEO
Si bien, el destete lejos del bebe, el fraccionamiento y la sobrecarga intelectual más la escisión de la mente constituyen factores de estrés, lo peor es el desempleo. La madre soltera desempleada, dependiente, encerrada en el círculo de las tareas domésticas de la casa de sus padres y muchas veces criticada, sufre como ninguna trabajadora intelectual.
HOMENAJE
En este Mes del Trabajo y de la Madre, expreso mi admiración a mis amigas intelectuales, madres que hacen malabares mil para llevar una vida digna y realizada con su familia.
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